Algo Demente — Ideas para pensar

Relaciones de pareja saludables: comunicación, límites y conflictos

Por Lic. Matías Bustos

Relaciones de pareja saludables

Son las diez de la noche y la discusión empezó por algo tan chico que ya ni se acuerdan bien qué fue. Un plato sin lavar, un comentario en la mesa, una changa que se aceptó sin consultar. Media hora después ya no están hablando de eso: están hablando de todo lo que no se dijeron en los últimos tres años. Si te suena conocido, tranquilo, no significa que tu pareja esté mal. Significa que nadie te enseñó cómo se pelea bien.

Lo que sostiene a una pareja no es la ausencia de conflicto

Una de las ideas más dañinas que circulan sobre el amor es que las parejas felices no discuten. Es al revés: el investigador John Gottman, que lleva décadas estudiando parejas en su laboratorio de la Universidad de Washington, encontró que lo que distingue a las relaciones que duran no es la cantidad de conflictos, sino la forma en que se pelea. Identificó cuatro maneras de discutir que, cuando se instalan como costumbre, predicen con bastante precisión que la relación se va a romper: la crítica a la persona en lugar de a la conducta ("sos un desastre" en vez de "esto me molestó"), el desprecio (la ironía, la burla, mirar al otro como inferior), la actitud defensiva (responder a un reclamo con otro reclamo, nunca hacerse cargo de nada) y el amurallamiento (dejar de responder, irse, cortar la comunicación como castigo). Ninguno de los cuatro es un pecado imperdonable si aparece una vez. El problema es cuando se vuelven el idioma habitual de la pareja.

Complementariedad: cuando uno cede y el otro avanza

En el consultorio uso hace años una forma de pensar las parejas que no es una clasificación científica, es una heurística clínica que me sirve para ordenar lo que veo. La llamo complementariedad, y tiene dos versiones. En la complementariedad dinámica, los dos roles (el que toma la iniciativa y el que acompaña) van rotando: hoy decidís vos dónde comer, mañana decido yo; hoy cedo yo en la discusión, mañana cedés vos. Funciona porque nadie se queda pegado a un solo lugar. El problema aparece con la complementariedad rígida: uno siempre cede y el otro siempre avanza, en todos los terrenos, todo el tiempo. Ahí no hay maldad de ningún lado, hay un mecanismo casi automático (todo organismo tiende a ahorrar energía) que hace que, si alguien hace las cosas por mí, yo deje de hacerlas. El resultado, tarde o temprano, es el mismo de los dos lados: bronca. El que cede acumula frustración por no tener lugar propio. El que avanza acumula frustración por sentir que carga con todo. Pensemos en Julián y Renata, ocho años juntos: ella terminó tomando todas las decisiones de la casa (desde las vacaciones hasta el colegio de los chicos) no porque quisiera el control, sino porque en algún momento él dejó de proponer y ella dejó de esperar que lo hiciera. Los dos están cansados de un patrón que ninguno de los dos armó a propósito.

Comunicarse sin declarar la guerra

Hay una diferencia enorme, aunque a simple vista no lo parezca, entre pedir algo y reprocharlo. "Necesito que me avises si vas a llegar tarde" abre una conversación. "Nunca avisás nada, siempre tengo que adivinar" la cierra, porque obliga al otro a defenderse antes de escuchar. Una herramienta simple y bastante efectiva para bajar la temperatura de una discusión, tomada de las técnicas de comunicación asertiva, es lo que se conoce como la técnica de la bruma o del banco de niebla: en vez de contraatacar cuando alguien te critica, le das la razón en lo que tiene de cierto, sin ceder en lo que pensás, y sin engancharte en la pelea que te está proponiendo. Si tu pareja te dice "sos un desordenado" y en parte es cierto, contestar "tenés razón, en eso podría mejorar" corta la escalada mucho más rápido que defenderte o contraatacar. No es resignarse, es no darle combustible a una discusión que no va a ningún lado.

Poner límites sin sentir que rompés el vínculo

Muchas personas confunden poner un límite con generar un conflicto, y por eso lo evitan hasta que ya no pueden más y explotan por algo mínimo. Un límite bien puesto no acusa, informa: "esto me hace mal, esto no", dicho antes de que la bronca se acumule. Cuesta, sobre todo si en tu historia poner límites tuvo consecuencias (que te dejaran de hablar, que te acusaran de exagerado o exagerada). Pero un vínculo que no tolera ningún límite del otro no es un vínculo sólido, es un vínculo que depende de que una de las dos personas se achique.

Discutir para resolver, no para ganar

Ganar una discusión de pareja es, casi siempre, perder la pareja un poco. Cuando el objetivo pasa a ser tener razón, dejás de escuchar lo que el otro necesita y empezás a escuchar solo para encontrar el punto débil de su argumento. Lo que funciona mejor, según la evidencia acumulada en terapia de pareja, es tratar la discusión como un problema a resolver entre dos, no como una versión de los hechos que tiene que ganarle a la otra. Preguntar "¿qué necesitás vos de esto?" cambia por completo el clima de una charla que iba directo al choque.

Cuando el amor se vuelve algo distinto

Hay una línea, a veces difícil de ver desde adentro, entre una relación con problemas y una relación que hace daño de manera sostenida: los celos que se disfrazan de amor, el control que se disfraza de cuidado, el aislamiento progresivo de amigos y familia, la sensación de estar todo el tiempo caminando en puntas de pie para no generar un conflicto. Ninguna de estas señales, aislada, define un vínculo tóxico. La repetición y la dirección (¿achica tu mundo o lo agranda?) sí dicen algo importante.

El dinero, ese tercero incómodo

Pocas cosas generan tanto conflicto silencioso en una pareja como el dinero, y pocas parejas hablan de esto con la misma franqueza con la que hablan de otros temas. Quién gana más, quién decide en qué se gasta, qué pasa si uno aporta menos porque cuida más: son conversaciones incómodas que, si no se dan, terminan resolviéndose por la vía de los hechos y del resentimiento acumulado, no por acuerdo.

Una relación sana no es la que no tiene problemas

Es la que puede hablar de los problemas sin que hablar de ellos sea, en sí mismo, un problema más grande. Si en tu pareja no se puede nombrar lo que molesta sin que eso desate una crisis, ahí hay más para trabajar que en cualquier discusión puntual.

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