Complementariedad rígida en la pareja: cuando uno termina haciendo todo

Todo lo tengo que hacer yo en la casa. Él nunca hace nada. ¿Será que todas las decisiones importantes las tengo que tomar yo? ¿Ella jamás puede decidir?
A esto se lo llama complementariedad rígida. Una relación simétrica significa que ambos toman iniciativa y se ponen de acuerdo para resolver todo lo que está dentro de la relación. Esto funciona, pero muchas veces, una de las partes está más motivada o tiene más conocimiento para realizar determinadas tareas. Ahí es donde se da la complementariedad, donde uno toma la posta y el otro acompaña, y uno empieza a ceder para que el otro vaya avanzando. Si uno cede y el otro avanza, pero este que avanza en otras oportunidades también cede para que el otro pueda avanzar, esto es una complementariedad dinámica.
¿Pero qué sucede cuando una de las partes es siempre la que va cediendo y la otra siempre la que va avanzando? Por parte del lado que está sometido a la invasión del otro, va a aparecer la frustración, el rencor, la infelicidad. Pero probablemente no pase a una acción activa porque no tiene lugar para moverse en la relación. Por el otro lado, la persona que asume el rol activo también se va a sentir frustrada, porque va a sentir que está poniendo mucho más de lo que recibe, y esto va a generar sentimientos de injusticia y de rencor, lo que le va a llevar a reprochar a la otra parte de por qué no es recíproco en su conducta.
Tengamos en cuenta también que todo organismo vivo tiende a conservar la energía, como mecanismo de supervivencia. Y esto, llevado al plano de los vínculos, suele traducirse en que si alguien hace las cosas por mí, y sobre todo aquellas cosas que no me producen placer hacerlas, es probable que tienda a evitar hacerlo y me quede en ese lugar aun cuando me traiga problemas.
Entonces, ¿cómo resolvemos esto? Para romper la rigidez de la relación, tené en cuenta lo siguiente. Intentá comunicarte más abierta y honestamente con la otra parte para expresarle tus necesidades y tus deseos. Intentá compartir las responsabilidades. Aflojale a tu autoexigencia y a la exigencia hacia los demás y dejá un tiempo, un espacio para que el otro pueda actuar. Sentate a negociar y a construir acuerdos. Un acuerdo es cuando cada uno expresa su posición y llegan a una conclusión donde seguramente ambos van a tener que ceder un poco, pero van a lograr crear juntos una solución que satisfaga a ambas partes. Y finalmente, sé flexible e intentá adaptarte a las necesidades del otro. Pensá que lo que para vos es importante, para el otro puede estar fuera de su registro, y viceversa. Esto solo lo podés descubrir a través del diálogo, de la conversación y la convivencia, y entendiendo que tus parámetros de realidad no son los únicos válidos. Así podés reducir tus expectativas hacia el otro y darle espacio y oportunidad al otro para que actúe en aquello en lo que sí tiene pericia y le produce satisfacción.